sábado, 27 de abril de 2013

“El docente y la necesaria Transformación de su entorno educativo”



Las diferentes transformaciones que se han venido registrando en el mundo, sitúan al conocimiento como factor fundamental  de la competitividad. El avance científico-tecnológico acelerado, la generación de nuevos patrones de producción y de organización del trabajo y la constante internacionalización de las economías son algunos de los elementos que promueven esta creciente centralidad del conocimiento. De ahí que el sistema educativo debe desarrollar las nuevas competencias y habilidades que se demandan, para esta sociedad.
El acceso al conocimiento y a determinadas competencias es visto ahora como el elemento decisivo, para participar activamente en los nuevos procesos productivos. ¿Qué tipo de conocimiento o de competencia está desarrollando la educación de hoy?, éste pasa a ser el problema central;  se debe pensar en formar a los individuos para que puedan participar activamente, en los nuevos sistemas productivos con la debida competitividad.
Las transformaciones producidas a partir de estos profundos cambios científico-tecnológicos y  las nuevas condiciones del contexto internacional  nos plantean grandes desafíos,  por lo que, de la importancia que el MINERD, los gerentes educativos y cada uno de los demás actores, así como  todos   los sectores de la sociedad, otorguen a la transformación y la elevación de la calidad del sistema educativo, dependerá  en gran medida del sentido integrador o no, en que se adopten los cambios científico-tecnológicos en nuestro centros educativos y su accionar.
Educarse hoy exige adaptarse al ritmo del cambio y a su velocidad. Los desafíos actuales se traducen en las transformaciones más relevantes que en el terreno educativo deben realizarse, lo que significa que el conocimiento deja de ser lento, escaso y estable; la institución educativa deja de ser uno de los más importantes canales mediante el cual se entra en contacto con el conocimiento y la información; la palabra del profesor y el texto escrito dejan de ser la única opción de la comunicación educacional, la educación ingresa en la esfera de la globalización y la escuela deja de ser formadora de profesionistas, que opera en un medio estable de socialización. Por un lado, el conocimiento está en continua y progresiva expansión y renovación.
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han permitido que estemos en una sociedad de la información, del conocimiento, en una sociedad informatizada. La velocidad del cambio transforma constantemente el conocimiento, tanto en su producción como en su validez y permanencia.
Las transformaciones siempre van a existir, lo que hace la diferencia entre una y otra es el papel y la actitud que asumamos ante ellas. Por lo tanto, compete a la institución educativa propiciar espacio y tiempos formativos, además de superar las tecnologías tradicionales de enseñanza-Aprendizaje e integrarlos a los medios tecnológicos didácticos vanguardistas, y debe ser el docente el gestor de nuevos roles y funciones dentro de esta dinámica cambiante. La educación debe ser el medio que equilibre los avances científicos y la esencia de lo humano, promoviendo así, individuos íntegros conscientes de su trascendencia y, por lo tanto, responsables con las nuevas generaciones.
Necesitamos de profesionales de la educación que sean gestores de este nuevo perfil de cambio, que sean capaces  de definir sus objetivos, así como la forma de llegar a ellos; que sean referentes congruentes con el ser y el pensar, pero, sobre todo, sembradores de esperanza. El desafío está planteado y no es menor; los cambios son profundos e imparables y se requiere de una visión analítica y reflexiva, para no comprometer  el futuro de la escuela y de nuestra sociedad.

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