Las diferentes transformaciones que se han venido registrando
en el mundo, sitúan al conocimiento como factor fundamental de la competitividad. El avance
científico-tecnológico acelerado, la generación de nuevos patrones de
producción y de organización del trabajo y la constante internacionalización de
las economías son algunos de los elementos que promueven esta creciente
centralidad del conocimiento. De ahí que el sistema educativo debe desarrollar
las nuevas competencias y habilidades que se demandan, para esta sociedad.
El acceso al conocimiento y a
determinadas competencias es visto ahora como el elemento decisivo, para
participar activamente en los nuevos procesos productivos. ¿Qué tipo de
conocimiento o de competencia está desarrollando la educación de hoy?, éste
pasa a ser el problema central; se debe
pensar en formar a los
individuos para que puedan participar activamente, en los nuevos sistemas
productivos con la debida competitividad.
Las transformaciones producidas a partir de estos profundos
cambios científico-tecnológicos y las
nuevas condiciones del contexto internacional
nos plantean grandes desafíos,
por lo que, de la importancia que el MINERD, los gerentes educativos y cada
uno de los demás actores, así como
todos los sectores de la
sociedad, otorguen a la transformación y la elevación de la calidad del sistema
educativo, dependerá en gran medida del
sentido integrador o no, en que se adopten los cambios científico-tecnológicos
en nuestro centros educativos y su accionar.
Educarse hoy exige adaptarse al ritmo del cambio y a su
velocidad. Los desafíos actuales se traducen en las transformaciones más
relevantes que en el terreno educativo deben realizarse, lo que significa que
el conocimiento deja de ser lento, escaso y estable; la institución educativa
deja de ser uno de los más importantes canales mediante el cual se entra en
contacto con el conocimiento y la información; la palabra del profesor y el
texto escrito dejan de ser la única opción de la comunicación educacional, la
educación ingresa en la esfera de la globalización y la escuela deja de ser
formadora de profesionistas, que opera en un medio estable de socialización.
Por un lado, el conocimiento está en continua y progresiva expansión y
renovación.
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación
han permitido que estemos en una sociedad de la información, del conocimiento,
en una sociedad informatizada. La velocidad del cambio transforma
constantemente el conocimiento, tanto en su producción como en su validez y
permanencia.
Las transformaciones siempre van a existir, lo que hace la
diferencia entre una y otra es el papel y la actitud que asumamos ante ellas. Por
lo tanto, compete a la institución educativa propiciar espacio y tiempos
formativos, además de superar las tecnologías tradicionales de
enseñanza-Aprendizaje e integrarlos a los medios tecnológicos didácticos
vanguardistas, y debe ser el docente el gestor de nuevos roles y funciones
dentro de esta dinámica cambiante. La educación debe ser el medio que equilibre
los avances científicos y la esencia de lo humano, promoviendo así, individuos
íntegros conscientes de su trascendencia y, por lo tanto, responsables con las
nuevas generaciones.
Necesitamos de profesionales de la educación que sean
gestores de este nuevo perfil de cambio, que sean capaces de definir sus objetivos, así como la forma
de llegar a ellos; que sean referentes congruentes con el ser y el pensar,
pero, sobre todo, sembradores de esperanza. El desafío está planteado y no es
menor; los cambios son profundos e imparables y se requiere de una visión
analítica y reflexiva, para no comprometer
el futuro de la escuela y de nuestra sociedad.
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